Riesgos y promesas, inseparables en la tv digital en Argentina

Por Sofía De Cucco Alconada

Si nos preguntan qué objetos nos son indispensables en el día a día, en especial en nuestras casas, todos responderemos casi con seguridad, en algún punto, “la televisión”. Este aparato cuadrado, muchas veces llamado en forma de crítica como “la caja boba”, ha tenido pocos avances desde su invención en la década de 1960. Probablemente el paso del blanco y negro al color sea una de las pocas mejoras que han ocurrido con este medio masivo desde entonces. Tradicionalmente, la transmisión de las señales electromagnéticas se ha realizado de forma analógica. Sin embargo, las cosas están cambiando.

El término “televisión digital” cada vez nos resulta más familiar, aunque quizás no sepamos muy bien qué es. Ahora respondiendo esa duda, se puede decir en forma simple que la televisión digital, a diferencia de la analógica, codifica sus señales en forma binaria. Existen dos tipos de DTV: la televisión digital terrestre, y la televisión digital satelital. La primera es un sistema de transmisión audiovisual (mediante señales digitales) que implica a un equipo transmisor que emite señales abiertas hasta los equipos receptores de la señal digital (los equipos fijos o decodificadores). La segunda difiere con la TDT por emitirse desde un satélite de comunicaciones hacia las antenas receptoras.

A simple vista, y con tantas palabras técnicas, parecería que no existen diferencias reales al momento de encender la televisión. Esto no es así. El gran beneficio que aporta esta nueva forma de transmitir y recibir señales, es la considerable mejora en la calidad de audio y sonido. Al ser información digital, los errores de transmisión se corrigen y de esta forma no hay interferencias ni distorsiones en pantalla. Al mismo tiempo, esta tecnología permite que en el ancho de banda disponible en un solo canal se puedan transmitir varios programas (4 o 5) con una calidad superior, similar a la de un DVD o incluso en algunos casos, HD. Otro de los beneficios incluye la posibilidad de interactividad por parte del usuario, quien puede dar su opinión, ver programación online y la agenda de programas, entre otros. Además, es posible la visualización gratuita de la TV desde celulares smartphones.
Tras la creciente digitalización de la televisión en todo el mundo, ha comenzado a ocurrir lo que se conoce como el “apagón analógico”. Tal como su nombre lo indica, este apagón implica el cese, por países, de las emisiones analógicas de los operadores de televisión. Parecen ser todas ventajas hasta que nos topamos con un país como lo es la Argentina. ¿Por qué puede considerarse un problema? Lógicamente, dejar de producir señales analógicas implica necesariamente por parte de los usuarios el consumo de televisión digital (ya sea terrestre o satelital). Para poder usar la DTV, es un requisito indispensable tener un decodificador de señales por aparato televisivo. Y, por supuesto, esto significa dinero. El gobierno parece haber encontrado una solución a este problema, mediante un programa que se llama Televisión Digital Abierta. Es una medida que busca propagar la televisión digital, sin excluir a quienes se encuentran en riesgo de acceso durante el proceso de transición tecnológica. Mediante la política pública conocida como “Mi TV digital”, se desarrollan acciones para procurar el acceso gratuito al equipo receptor y la antena externa, ambos dispositivos necesarios para ver la Televisión Digital Terrestre.

El coordinador general de la TV digital, Osvaldo Nemirovsci en el marco de la edición 2012 del Congreso NexTV, explicó: “en cuanto a lo infraestructural, el Estado garantiza tanto la emisión como la recepción de la TV digital. Para lo primero, con la instalación de estaciones digitales de transmisión, que ya hay 51. Y para lo segundo, con la puesta en marcha de un exitoso plan de accesibilidad mediante el cual ya se han entregado más de un millón de conversores a los sectores más humildes del país”. En la presentación de su libro “El desafío digital en la televisión argentina”, Nemirovsci apuntó: “quebramos uno de los primeros paradigmas, de que la primera ola de las tecnologías siempre son apropiadas por los sectores más pudientes en virtud de su situación económica. En Argentina fue totalmente al revés”.

En varios países de Europa, como España, ya se dieron apagones analógicos graduales. Acá en la Argentina, todavía se está analizando la posibilidad cercana. Por supuesto que implica un gran desafío poder llegar a todo el país de forma masiva en la distribución de equipos sin aumentar la brecha tecnológica. Además, según un informe realizadopor IBOPE en el año 2011, del total de argentinos con televisión, el 78,4% consume TV paga. Esto representa un problema, ya que quienes consuman televisión paga no van a elegir pasarse al plan de TDA. Para quienes sí tienen el plan de televisión abierta, existen numerosas quejas: la gran cantidad de programas de fútbol que hay, lo que le resta variedad a la grilla televisiva.

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Al mismo tiempo presenta grandes oportunidades. Por un lado, ofrece más puestos de trabajo para quienes producen las tecnologías y para quienes las distribuyen por todo el país. También, desde el nivel de los contenidos, la aparición de canales temáticos favorece a la publicidad, ya que los nichos de mercado se volverán mucho más específicos.
Todavía estamos en proceso de cambio y adaptación; y a pesar de esto, las promesas son indiscutibles. El desafío consiste en encontrar una forma de incluir contenidos diversos, para todos los gustos y para llegar a una amplia audiencia. Quienes quieran seguir pagando televisión con su empresa privada, lo seguirán haciendo. Quienes prefieran pasarse a TDA, lo harán. Y quienes no puedan acceder a la TV, deberían poder hacerlo con estas nuevas medidas. Si es una idea exitosa en la Argentina, aún no se sabe. El tiempo dirá.

Fuentes: 

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