El cine potencia Pirate Pay: un software en contra de la piratería

Por  Fernanda Silva

“Uno no arregla problemas sociales con modificaciones técnicas. El problema es social, un montón de gente piensa que la oferta legal es demasiado costosa y no les provee lo que necesitan. Si llegases a arreglar esa cultura, nadie se vería en la necesidad de romper la ley para obtener lo que necesita”- Richard Clayton, de la Universidad de Cambridge

La industria del cine desde sus inicios en 1920 estuvo acostumbrada a mantener un control absoluto sobre su cadena de valor, desde los productores hasta los distribuidores del contenido; generando de esta manera un flujo continuo y controlado. La modificación de la cadena de valor se remonta a 1950 con la aparición de la televisión, donde la competencia inicia, el control sobre la distribución cae y la necesidad de vincularse con otras industrias incrementa. Ahora, con la expansión de la llamada Web 2.0 estos desafíos en  su cadena de valor crecen, modificando los procesos de producción y distribución de los contenidos indeterminadamente.

 Con estos desafíos latentes, las estrategias que se toman para hacer frente a este problema de tan difícil solución y ante el cual, se han generado nuevos negocios y alternativas son escasas pero no imposibles. Con la ayuda de Microsoft que invirtió 100.000 dólares y el apoyo de Walt Disney Studios y Sony Pictures una empresa rusa dice haber creado un software que puede interrumpir e impedir la descarga de contenidos piratas en la Web que son compartidos de manera ilegal, este nuevo programa es Pirate Pay.

Su nombre fue inspirado en el portal de descargas piratas “Pirate Bay” y fue creada por los rusos Dmitry Shuvaev, Andrei y Alexei Klimenko en 2009, quienes se toparon con esta idea de protección del copyright cuando elaboraban un método para controlar el tráfico de redes en sus proveedores. “Después de crear el prototipo nos dimos cuenta de que podríamos evitar que se descarguen archivos, lo que significaba que el programa era una gran promesa en la lucha contra el contenido pirata” indicó Andrei Klimenko en una entrevista a Russia beyond the Headlines.

Pirate Pay se presenta como un software encubierto para descargar bit torrents que parece incentivar la piratería pero al momento de utilizarlo impide compartir contenidos entre usuarios ya que, en el proceso de la distribución de los mismos confunde  las direcciones IP de cada cliente generando una desconexión de unos con otros. Con la implementación de este proceso, según el blog de los rusos se impidió que ocurriesen 44.845 descargas de la película rusa “Thank God I am alive” a los largo de 30 días. Pirate Pay cobra a los propietarios de los derechos por proteger sus contenidos entre 12.000 y 50.000 dólares dependiendo del bloqueo.

Este intento de protección del contenido por la industria del cine trata de salvaguardar los derechos de los autores, productores/distribuidores y el dinero invertido para poder mantener el dominio total en su cadena de producción. Para los productores, la inversión se recupera mayormente por la venta de boletos en los cines y a eso se le suman la venta de vídeos en formato digital, el pay per view, la televisión paga, los canales derivados de productoras, el merchandising y la música. No obstante, pese a esta expansión y búsqueda desesperada por recuperar el dinero invertido, la Web 2.0, con la facilidad de compartir contenido, derriba estos intentos.

Muchos críticos han cuestionado el método de Pirate Pay e indican que a largo plazo será ineficiente; si se trata de hackers es cuestión de tiempo el encontrar una solución, una vez más, a las trabas impuestas por la industria. Los críticos mantienen su postura sobre la libertad de distribución en contra de las trabas promovidas por los monopolios de la industria. Denuncian el control concentrado sobre el contenido y hacen énfasis en que las sumas de dinero obtenidas por medios alternos a la industria son incomparables a las perdidas en la Web, es decir que la industria si o si gana.

 El problema, que al parecer es técnico, se ha convertido en un tira y afloja de la cadena de valor entre la industria del cine y sus consumidores. No se trata de buscar una solución técnica como indica Richard Clayton, investigador de la Universidad de Cambridge, sino de generar una cultura de respeto y valoración al trabajo ajeno. Si bien son monopolios que nos condicionan, son demandantes por la calidad que nosotros demandamos. La situación se resume en una cadena de valor que no sede o que trata de ser dominada por sus consumidores y la respuesta de la industria ante esto es generar nuevas estrategias que lo detengan.


Fuentes:

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