Orsai: una industria diferente

Por Felicitas Ruiz Guiñazú

Durante sus primeros años, la industria editorial tenía como motor de acción el amor e interés en la literatura y los libros, más que la búsqueda de una ganancia económica. Con el tiempo, esta realidad fue modificándose y la práctica se volvió bastante comercial. Sumado a esto, el índice de lectores fue decayendo, especialmente en el rango que va desde los 18 a los 24 años de edad. Esta caída se dio debido a la aparición de la digitalización. Los adolescentes eligen un programa de TV o una película, en lugar de un libro. Y, como si fuera poco, los costos de producción se incrementaron notablemente.

A diferencia del resto de las industrias, la editorial requiere de un público alfabetizado, es decir, formado y educado. Su contenido no puede ser comprendido y apreciado por cualquiera, por más de que una buena parte de la literatura corresponda al ámbito masivo. En sus orígenes, el libro era considerado un objeto de buena posición económica, al que podían acceder solo aquellos con gran poder. Hoy, los receptores se han ampliado, a pesar de seguir existiendo diferentes segmentos de mercado.  Un estudio realizado por la consultora Catterberg y Asociados distinguió los siguientes grupos:

–       Cautivo  (representa el 10% de la población total): conformado por lectores y compradores relativamente intensivos

–       Cautivo de no lectores (5%): constituido por compradores intensivos, que coleccionan libros antes de leerlos.

–       Periférico (20%): incluye aquel segmento de la población que son lectores y compradores no intensivos.

–       Potencial (15%): compuesto por lectores que no compran libros.

–       Inaccesible (50%): integrada por aquellos que no leen ni nunca han leído, la lectura no les interesa y jamás compran libros.

La cadena de producción de libros involucra a diferentes personas. Esto lleva a que los autores queden desvalorizados y en segundo plano. La misma se podría resumir en los siguientes pasos:

1 “Writing”:  el autor escribe sus obras y busca que se las publiquen. Solo recibe el 10 % de ganancia.

2 “Agent”: vendría a ser un autor consolidado, reconocido. Si el autor no está establecido dentro del mercado, debe recurrir a un agente que le lleve sus manuscritos a una editorial. Se queda con el 15% de las ganancias.

3 “Packager”: lleva a cabo todos los procedimientos implicados en la producción del libro, incluso su impresión.

4 “Publishing”: transforma la materia prima elaborada por el autor a un libro publicado, editado, diseñado listo para salir a la venta.

5 “Retailing”: librerías y otros locales que venden los libros a los lectores.

Hernán Casciari, cansado de todos los intermediarios involucrados en el armado de un libro, renunció en 2010 a todas las editoriales para las que trabajaba y creó un blog llamado Orsai que, en la jerga deportiva, significa “fuera de juego”. El objetivo era demostrar que la crisis de la industria no era económica, sino moral. Lo que empezó siendo un sitio web donde Casciari publicaba sus cuentos, terminó convirtiéndose, primero, en una revista hispanoamericana y, luego, en una editorial.  Su proyecto era innovador y único. Junto con un amigo, hicieron una promesa a sus lectores en crear algo diferente: una revista que no dependiese de subsidios ni de publicidad, que tuviese calidad gráfica, que se produzca en versión papel y en digital, que sea trimestral y de 200 páginas, y que sea financiada por ellos mismos sin temer el riesgo de fracasar. El staff estaría formado por su familia y su oficina sería el patio de su casa de Cataluña. Era absurdo pensar en una revista literaria en medio de la crisis del papel.

Para sorpresa de todos, los lectores contribuyeron a difundir la idea y el primer número fue leído por 10.000 personas a lo largo de todos los países de lengua hispana. La revista Orsai, pronto se convertiría en la Editorial Orsai, cuyo reglamento estaría fundado en diez puntos: el autor recibiría el 50% de las ganancias; el derecho de las obras pertenecerían al autor eternamente; el autor podrá de disponer de herramientas para conocer sus ventas, entre otros. Horacio Altuna fue uno de los primeros escritores en unirse a este proyecto. Según él, el resto de las editoriales lo tienen todo controlado para engañar al autor.

Hoy, Orsai cuenta con 5608 suscriptores online, siete números de revistas que se pueden encontrar en PDF o recibirse en papel; abrió un bar en el barrio de San Telmo, Buenos Aires, donde la gente puede tener un lugar  de encuentro en el cual compartir sus obras culturales. El objetivo a corto plazo es abrir otro en Barcelona y en alguna otra parte del continente americano para formar un triángulo hispanoamericano. Orsai considera a la cultura como la base fundamental de la complejidad de la mente. Cree que la industria cultural debe ser gratuita y libre, y aborrece a la que tiene tantos años, que compara a internet como un lastre. Al final de su discurso en TED, Hernán Casciari se atreve a decir que muy pronto la industria editorial comercial quedará en “orsai”.

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