La reconversión del librero

Por Pedro Fernández Quiroga

La facturación de las librerías corresponde en un 51 % a la venta de libros. Estas se pueden dividir en dos grupos. En primer lugar están las cadenas, librerías grandes de temática general. En segundo lugar las librerías independientes, las cuales presentan un carácter más tradicional, suelen presentar una especialización temática. Las librerías son el principal canal de comercialización de libros, a pesar de que en los últimos años, como dijimos antes, se han dado cierres importantes y se han visto reemplazadas por cadena de almacenes, los supermercados, los centros comerciales y los puestos de diarios en busca de venta masiva. Las librerías más afectadas hoy en día son las independientes y, en parte, las culpables de esto son las librerías nacionales. Estas, por su adquisición de volúmenes a gran escala, bajan los precios a niveles imposibles para las pequeñas. Las librerías no son un negocio prospero y, sobre todo las pequeñas, están cerrado por la batalla de precios recién nombrada. Los libreros ruegan para que se establezca el precio fijo del libro. Esto, en tiempos pasados, era una costumbre pero hoy en la mayoría de los países de nuestra región no se respeta. El precio fijo decidido por el editor aportaría grandes ventajas: mayor red de librerías y precios más bajos, lo que concluiría con un mayor acceso al libro por parte de los ciudadanos. En Argentina ya se está aplicando esto, pero en otros países es recién un proyecto.

Por otro lado, otro obstáculo que se coloca en los caminos de las librerías es la piratería. En América latina se fotocopian 250.000 millones de libros de manera ilegal. En Colombia, por ejemplo, se venden un millón de libros piratas. Los gobiernos, en esta materia, no se involucran de manera fructífera para obtener resultados prósperos. En este caso, el gobierno de Brasil fue una excepción ya que creó, en 2004, el Consejo Nacional contra la piratería. En la  Argentina está el CADRA (Centro de Administración de Derechos Repográficos) autoriza diversas reproducciones por plata protegiendo así los derechos de autor. Algunos actores de la industria de libro manifiestan que le ganaran a la piratería con el buen precio. Evidentemente esto todavía no se ha logrado. Otro condimento que se complementa con la piratería para abortar el negocio de los libreros son los avances tecnológicos. Hoy vivimos en una sociedad digital y, si la piratería fue una especie de terremoto para la industria del libro, el nuevo mundo digital es un tsunami. Las librerías como canal comercial quizás sean las que más sufrirán las futuras transformaciones. Tendrán que cambiar: especializarse, convertirse en centros culturales, mejorar su oferta, encontrar cómo atraer al lector, para que no opte por comprar siempre desde su casa. “Tuvimos que ofrecerles otras cosas a la gente, si nuestra librería se limitase solo a los libros no existiríamos más” me manifestó Lucia Baratta, dueña de La Ribera, pequeña librería en la localidad de Victoria. Hoy hay una puja entre pantalla y papel que, sin duda, gana la pantalla. Muchos optan por leer desde la computadora  y, la mayoría por conectarse al Facebook o Twitter en vez de sumergirse en el mundo de la literatura. Todos los que están inmiscuidos en la industria del libro van a tener que afrontar este panorama, negro para algunos y desafiante para otros, les guste o no. Centrándonos en las librerías tradicionales estás, en su mayoría no se adaptan, y muchos de sus viejos clientes se van yendo a lugares como supermercados. Incluso en países de Europa, como el caso de España. Los libreros arriesgan poco. Dentro de una década, los ingresos por ventas de libros electrónicos superarán a los de papel, según el 40% de los editores encuestados en la feria de Francfort. Aún más tajante se mostró en una conferencia Nicholas Legroponte,  ex director del Laboratorio de Medios del Instituto de Tecnología de Massachusetts, sobre la vida que le quedan a los libros tradicionales. “Está ocurriendo. No pasará en 10 años, sino en cinco”

¿Qué deben hacer para mejorar sus negocios los libreros? No hay todavía una respuesta certera ante esta incógnita, pero innovar sería un buen antídoto para la malaria de estos días. El caso Yenny en la Argentina es un buen ejemplo de originalidad en materia de librerias. Esta diversifico sus canales de venta y los productos. Sus locales lucen atractivos al público y, esto además de ser fructífero para su situación particular, fomenta la lectura. Ahondando en internet,  paradójicamente uno de los peores enemigos de la industria, descubrí que dos de los países más afectados por esto son Perú y Colombia y también me tope con algunas notas a libreros de dichos países. Todos manifestaban lo mismo: caída de ventas de libros. Sin embargo, encontraban algunas estrategias para hacer más llevadera esta situación. Algunos compraban libros usados y de esta manera los vendían más baratos, otros modificaban los locales, pero en lo que todos coincidían era en el cambio en el rol los libreros. Esta reconversión, según decían ellos, no era simplemente tratar de adaptarse a las nuevas tecnologías sino, fundamentalmente, una conversión en la mentalidad. Los libreros ya no solo venden libros, sino que promueven un servicio que incluye la venta de un producto. Además ponían énfasis en lo siguiente: las librerías además de vender libros hoy deben ser un proyecto cultural que se vincule con la promoción de la lectura, es decir que cada librería sea una “marca” y dependiendo de ese proyecto cultural que proponga conseguirá clientes o no. De esa manera la librería permanecerá. Esto es lo único que le queda a los libreros, deben crear un servicio que las haga necesarias en esta época.



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Acerca de Marta Villar

Productora multiplataforma y docente universitaria.